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Los seres humanos somos plenamente conscientes de lo importante que es la impresión que causamos en nuestros interlocutores e interlocutoras durante nuestras relaciones. Sin embargo, ese sentimiento se debilita cuando el contacto se da habitualmente por medios no "presenciales" como el teléfono o el correo electrónico, circunstancia muy habitual en el ámbito empresarial.
Cuando se gestiona la clientela o empresas proveedoras es frecuente tratar con ellas a través del teléfono, sobre todo en pequeñas empresas que carecen de personal comercial específico. En muchos casos, las personas interlocutoras tardan tiempo en conocerse personalmente, y su relación se basa, en muchas ocasiones, en la comunicación telefónica. Por ello es importante prepararnos y cuidar al máximo el detalle, incluso cuando se trata simplemente de descolgar un auricular. Las personas que atienden el teléfono en nuestra empresa deben tener siempre presente que son ellas los primeras en dar la bienvenida a quien realice la interlocución y que de esta primera impresión depende en gran medida las posibilidades de conseguir nueva clientela. En la atención telefónica cobra gran importancia el tiempo. Así, suele decirse que la duración de un minuto variaba en función del lado del teléfono en el que nos encontremos. Nada más cierto, dado que a nadie le gusta esperar a que le atiendan. Coger la llamada antes del décimo tono de llamada nos ofrece mayores posibilidades de éxito en nuestros intercambios comerciales. Del mismo modo, transferir la llamada con rapidez a quien demande nuestro servicio, se percibe como un signo de eficacia que sabemos apreciar cuando, por ejemplo, intentamos hablar con nuestra compañía telefónica.
Debemos ser lo más eficaces y breves posible para trasmitir que valoramos el tiempo de quien esta al otro lado de la línea tanto como valoramos el nuestro.
La aparición del email ha recortado ese espacio, y es recomendable no exceder el espacio de una única pantalla si no queremos que el mensaje se lea de forma parcial. No obstante, esta reducción del espacio disponible no debe llevarnos a eliminar los aspectos más formales. La no presencia física entre las personas interlocutoras deja de ser de este modo insalvable y con un poco de tacto y criterio comercial conseguimos transmitir a través de estos medios una imagen seria, profesional y cercana. Debemos ser capaces de mostrar la imagen al completo: nuestra empresa somos quienes la hacemos, nuestra atención telefónica, los folletos y catálogos, la página web, las cartas y mensajes de correo electrónico … todo ello forma parte de la idea que las demás personas se harán de nuestra empresa.
Es muy importante contemplar todos los elementos citados como parte de un inmenso puzzle que llevará a nuestra clientela a hacerse una imagen de nuestra empresa en su cabeza.
Tenemos que trasmitir lo que somos, sin olvidar que somos mucho más que el servicio que prestamos o que el producto que producimos. En un mercado tan saturado como el actual, muchas veces compramos y vendemos en función del valor e imagen que trasmiten las empresas, más que en función del producto concreto que vamos a adquirir o a vender.
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